Albariño, sentimiento gallego en estado puro.
Albariño, sentimiento gallego en estado puro.
Albariño, sentimiento gallego en estado puro.
Albariño, sentimiento gallego en estado puro.

Por más que muchos se empeñen en compararla con otros lugares, Galicia es única e irrepetible. Las cuatro provincias gallegas comparten el encanto mágico del agua que da forma a abruptos cañones y acantilados, la serenidad de frondosos bosques centenarios y por supuesto, una riqueza gastronómica que trasciende más allá de sus fronteras.

El susurro gallego llega cada vez más lejos y con más fuerza y el vino es uno de sus grandes embajadores. Todas las denominaciones de origen, Monterrei, Rías Baixas, Ribeira Sacra, Ribeiro y Valdeorras embotellan caldos con la capacidad de sorprender y deleitar incluso a los amantes del vino más exigentes, pero es el albariño, de la Denominación de Origen Rías Baixas, el buque insignia de la industria vitivinícola gallega.

La D.O Rias Baixas comprende cinco subzonas de las provincias de Pontevedra y A Coruña en las que se cultivan alrededor de 4000 hectáreas de viñedo: Val do Salnés, donde se concentra la mayor parte del mismo, el Condado de Tea, El Rosal, Soutomaior y Ribeira do Ulla. La variedad predominante es Albariño, que representa el 96% de la producción total y cuyo vino monovarietal está catalogado como uno de los mejores blancos del mundo.

El resto de la producción incorpora en su composición otras variedades de uva como la Loureira en el caso de los vinos de El Rosal o Treixadura en los del Condado de Tea. Son estos, vinos de de gran elegancia, intensos aromas y ligera acidez, plenos en la boca, agradables y sumamente atractivos.

Sin embargo, una nueva generación de bodegas le está dando al Albariño el lugar que merece en el Olimpo de los mejores vinos blancos del mundo. Así, tal como suena.

Amor a primer trago

Es difícil resistirse, los guiños del Albariño, siempre sugerentes, atraen a todo tipo de bebedores  y si bien es cierto que algunos  vinos son mejores que otros,  puedo asegurar honestamente que jamás he probado un Albariño malo. Desde los vinos jóvenes, de marcado carácter frutal y ácido, hasta los más maduros, serios, con un carácter bien definido.
 
Su sabor y textura conjugan a la perfección la vibrante y refrescante acidez y aromas cítricos de un Riesling con  los aromas frutales de un Pinot Grigio.

Como mencioné anteriormente  el Albariño  armoniza a la perfección con  pescados o mariscos,  pero desde su llegada a Estados Unidos el vino de las Rías Baixas ha entablado una curiosa relación con las comidas picantes.

Definitivamente,  no tienes nada parecido a un Albariño. Si todavía no lo has probado hazte un favor y date el gusto.

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